NO SIN MI PEINETA



Personajes:  
Anisa: Protagonista de nuestra historia.
Inés: Madre de Anisa.
Joan Marí: Juan María para la familia. Es el novio de Anisa y aspirante a diseñador de moda.  
Said: padre de Anisa y policía de la gendarmería real marroquí.
Julio: marido de Inés.
Lucas y Jorge: hermanos gemelos de Anisa.
Antonio: hermano de Inés y tío de Anisa. Sargento de la Guardia Civil.  
El viejo marqués: con residencia en un viejo palacete en Almanzora es el dueño del tablao de la Moncloa.  
Youssef: hijo de Said.
Azahara: mujer de Said.  

CAPITULO 1 
Anisa “mujer de corazón piadoso y amigable”, muy pocas veces un nombre describe tan bien a la persona que lo porta, como si formara parte de su piel, una piel de un vivo color moreno, ojos oscuros. Fue el fruto de un amor fugaz, sincero, que todavía arde en lo más profundo del corazón de su madre, Inés. Y como fruto Anisa, la chica que vive a través de su mirada, la que le recuerda día a día a aquel hombre que la hizo estremecer con sólo tocarla.

Hasta que llegó la realidad, cruda como el peor de los inviernos que con una bofetada de aire helado la sacudió de pies a cabeza, su cuerpo empezó a cambiar por días. Y miedo, mucho miedo… Sus padres no se lo pusieron nada fácil, después de poner el grito en el cielo, sólo encontraron un camino, el fácil, el que llega al altar. Julio, un chico vecino suyo que siempre la había pretendido fue el elegido. Ella se opuso con todas sus fuerzas, quizás con la esperanza de que el padre de la criatura que llevaba en su vientre la llamara para llevarla con él. Pero ese mensaje, esa llamada nunca llegó.

Su padre era una persona de mucho carácter y una madre demasiado preocupada del que dirán de sus vecinas. Mil cosas pasaron por su cabeza, -¿cómo evitar un matrimonio que no quería?, ¿Cómo soportaría los escalofríos de los abrazos de un hombre que no amaba?. Pero la boda llegó, demasiado rápido para reaccionar, con una rápida ceremonia en la iglesia, seguida de una sencilla celebración en el bar de la plaza, se formalizó una unión con un futuro más que oscuro.

A los siete meses nació su hija, y al año después, un embarazo de gemelos Lucas y Jorge. Como era de esperar, ese matrimonio fue un fracaso desde el principio. Trabajó como una bestia en lo que pudo para que a sus hijos no les faltara de nada. Vivían cerca del rulaor de Cantoria, en una pequeña casa heredada de los abuelos. Un hogar sin muchos lujos pero con las comodidades necesarias para los tiempos que corren. Y de fondo, es un estante del mueble del comedor junto a la televisión, un portarretratos con una foto amarillenta de dos chicos jóvenes vestidos con uniformes diferentes.

Siempre lo recordaba en el mismo lugar, como si ya viniera de serie cuando se compró el comedor. A pesar de todo, Anisa tuvo una infancia feliz, muy feliz, cuando todavía las calles eran el campo de batalla de los juegos infantiles y como centro de reunión para los jóvenes, el parque de la era grande. Allí hizo amistad con Juan María, un chaval alto, bien parecido, que aunque un poco mayor que ella, no fue impedimento alguno para quedar y hacer planes juntos. Una cosa llevó a la otra y cuando quisieron darse cuenta, se encontraron inmersos en una relación.

Juan María quería ser diseñador de moda, siendo Anisa el modelo de sus primeras creaciones. Y no se le daba mal al chaval y hasta participó en unos cuantos programas de los maestros de la costura. Allí lo presentaron como Joan Marí, por eso de que tenía mejor sonoridad. Esto no es que le sirviera para que le fueran abriendo puertas, ya sabemos que la industria textil en España se encuentra en alguna provincia remota de China, simplemente le dio para convertirse en una especie de héroe local mientras que duró el programa y después el olvido…

Harto ya de no poder alcanzar sus sueños, reunió el poco dinero que tenía, hizo la maleta y se marchó a hacer las Américas. Es tanto la añoranza que tiene de los suyos y de su tierra que su primera creación fue una peineta que imprimió en una impresora 3D para Anisa.

Una peineta, un elemento tradicional que recuerda el pasado, pero de colores alegres, intensos, armoniosos para unos y quizás muy llamativos para otros. En televisión aprendió que nada es demasiado y que todo puede estar bien si se lleva con la convicción necesaria. ¿Le gustaría el regalo? Aisa se a pondría o pasaría a formar parte de la caja de elementos que se tienen y nunca llega la ocasión de utilizarlo.

Anisa, todos los días se preguntaba con sus ojos cerrados: -¿Qué hubiera sido si me hubiera marchado con Juan María?- Pero los abría y veía la realidad de su casa. ¿Cómo dejar sola a su madre y a sus hermanos?. Veía como Inés se apagaba poco a poco, la maldita enfermedad no le daba tregua. Y no había opción, alguien tenía que coger las riendas de la familia.

La muchacha que apenas alcanzaba los 16 años, tuvo que dejar de acudir al instituto, situado a las afueras del pueblo y empezar a dedicarse al cuidado de su madre y hermanos y sustituirla en su trabajo de limpieza de casas. Al atardecer, cuando terminaba la jornada, cogía una mochila con un bocadillo y un vestido y echaba a andar hacia su otro trabajo.

Acudía andando unos cuantos kilómetros a un lugar fascinante para ella, sacaba las fuerzas porque era su pasión, los tablaos flamencos situados en la Moncloa, un lugar cercano a Almanzora propiedad del viejo marqués. Siempre utilizaba los vestidos que Juan María le había diseñado y aunque ganaba poco, era suficiente para que su familia pudiera seguir hacia delante.

Un sábado del mes de mayo volvió a acudir aquel lugar que por un rato le quitaba las penas y el cansancio acumulado. Pero ese día, entre taconeo y taconeo, alzó su mirada y al fondo de aquella nave había alguien que no paraba de fijar en ella su mirada...    

CAPÍTULO 2 

Acabó el día para ella y se fue a su casa pensativa y dando vueltas sobre aquel hombre que no dejaba de mirarla. Había algo en su mirada que le intrigaba, a la vez que resultaba familiar. En estos pensamientos estaba cuando llegó a casa y se encontró a sus hermanos junto a su madre que había empeorado mucho. Inés al verla llegar, pidió a los gemelos que la dejasen sola con su hermana.

– Anisa, hija mía, no sé qué futuro me deparará esta maldita enfermedad, quiero pedirte que si me pasara algo, por favor cuida siempre de tus hermanos, ellos te adoran y harán lo que tú les digas.
- Mamá, no dramatices que a ti te queda cuerda para rato, ya verás cómo esto se pasará y si no, no te preocupes por nosotros que sabremos cuidarnos.
- No lo dudo Anisa, era que no quiero dejar cabos sueltos y ahora para mí lo más importante, algo que me lleva años carcomiendo por dentro y tú ya tienes la edad para saber y comprender…. Paró un segundo para tomar fuerzas, agarró muy fuerte la mano de su hija y posó la mirada en el portarretratos del mueble con los dos chicos jóvenes.
- Es muy duro lo que te voy a contar, y por eso te pido que no me juzgues hasta que no termina toda la historia, y aunque no sé por dónde empezar, comenzaré por él, por ese chico vestido de militar que está junto a tu tío en la foto. Él se llama Said, es o era un policía de la gendarmería real marroquí que participó en un programa de cooperación con la guardia civil española, para luchar juntos contra el contrabando en el estrecho de Gibraltar.

En ese momento, a tu tío Antonio lo habían ascendido a sargento de la benemérita y solicitó participar porque esto le supondría más puntos a la hora de ascender y en un futuro no muy lejano poder pedir destino más cerca de su familia. En esas jornadas que duraron un par de meses, aprovechó los permisos para venir a visitarnos, y con él se traía a Said que habían hecho una gran amistad. El primero de ellos fue el de Semana Santa, donde lo conocí, uniformado, su piel morena, pelo negro, sus ojos grandes azabache con una intensidad que te taladraba el alma, me dejó impactada, clavada en el suelo sin poder moverme. A el parecía no percatarse de mí, concentrado en las conversación y en la bienvenida que le dieron mis padres.

Pasaron los días, ellos iban y venían y yo en mis quehaceres hasta que un día, cuando volvía de la tienda de la Lola del Parque, pasé por la plaza y a la altura del Bar de Castejón, de repente escuché una voz familiar, ¡Inés, Inés! giré la mirada y allí me lo encontré, sólo en la plaza tomando un café en el Casino. Al verme mi hizo una señal para que me acercara, me acuerdo como si fuera ayer, que las piernas me temblaban, los nervios me atacaron todo el cuerpo, me puse colorada hasta que pude reaccionar ¿Qué, que… que haces aquí solo?, ¿y eso que mi hermano no está aquí contigo?, -no sé, me dijo que tenía que hacer unos recados y pasarse por casa de su novia y que al medio día nos veíamos- todavía no había dicho la última palabra cuando se levantó y me ayudó a llevar las bolsas de la compra a casa.

Caminamos despacio, como si el tiempo se hubiera detenido y sólo existiéramos nosotros dos en el mundo. Hablamos de todo un poco, del tiempo, de su gran familia en Marruecos, de mis planes de futuro, y fue en ese trayecto hasta llegar a la casa de los abuelos cerca de la estación, noté cómo saltó una chispa que iluminó todo el Paseo de Cantoria. Al llegar a la puerta estaba mi madre regando las macetas, Said se quedó fuera y yo pasé a entrar las bolsas de la compra.

Al día siguiente, cuando salí a por el pan y a la altura de la casa del tío Judas, oí unos pasos acelerados que venían detrás de mí, me giré y era Said, ¡espera que voy contigo! me gritó. Fue en ese trayecto donde me dijo que se tenía que ir al día siguiente y que le gustaría verme a solas, más tranquilos, sin nadie a la vista, y quise decir que no, que eso no estaba bien, pero mi corazón tomó la palabra.

Esa noche, después de cenar y con la excusa de ir a ayudar a una amiga que cosía ropa de muñecos, nos encontramos en la puerta de la fábrica de los Cuéllar. Andamos tranquilamente bajo una noche apacible y tranquila, en dirección a Campanas hasta terminar en lo alto del Peñón del Lugar Viejo. La subida me dejó agotada, sin embargo a él parecía que había andado cuatro pasos, normal pensé yo, siendo policía estará acostumbrado a estas caminatas. Nos quedamos un rato mirando la panorámica del pueblo, sus calles iluminadas, hasta el humo de la chimenea de mis padres, hasta que Said me cogió de la mano, me giró hacia él y con una mano empezó a acariciarme el pelo, hasta que la mano bajó hacia mi cara, mis labios, yo cerré los ojos y sentí el aliento de su boca junto a la mía.

A la mañana siguiente nos despedimos antes del desayuno con la promesa de volvernos a ver en el siguiente permiso. Tras la ventana del baño, vi como partían Said con el tío Antonio con un nudo en el estómago que me decía que esa sería la última vez que lo vería. A los dos meses de su partida ya estaba casada con Julio y a los nueve naciste tú.
- ¿Qué me estás diciendo mamá, que ese tal Said es mi padre?, ¿es eso mamá?, ¿Por qué has esperado tanto para decírmelo?...

CAPITULO 3 

Maldito cáncer, maldito cáncer, maldito cáncer, esas palabras taladraban la cabeza de Anisa en el velatorio de su madre. La casa estaba llena de gente pero ella no veía a nadie, maldito cáncer, maldito cáncer, que asco de vida…. Al volver del cementerio, sus hermanos se fueron a descansar pero Anisa no le paraba la cabeza, llena de tantas preguntas que le faltarían vidas para responderlas a todas.

Fue ordenando la habitación de su madre, cuando en el primer cajón de la cómoda encontró una carta en un sobre que sólo ponía su nombre;
Anisa se fuerte pues en esta vida no sabemos que nos deparará, un mes después de la partida de tu padre y me di cuenta que algo pasaba en mi cuerpo, yo no quería decir nada a mi madre, pero ella me vio rápido se percató de todo. Y un día, ya sabiéndolo mi padre, el cual dejó de hablarme durante un tiempo, me hizo saber que me juntaría con Julio, un vecino que estaba enamorado de mí y muy amigo mío, pero sólo eso, yo no lo veía cómo algo más, y por eso al poco de tener a los gemelos, no pude más con esa mentira y me separé. Julio sabía que no lo quería y que tu no eras su hija y sin embargo siempre ha sido muy bueno contigo, como si fueras una hija más, a pesar de nuestra separación, su vida fue sus hijos y su taller de mármol en la Mateas. Hija mía, la vida no da tregua, por eso lucha por lo más importante y no pierdas el tiempo en cosas insignificantes. Juan María es buen chico, y si realmente os queréis llegará el momento de estar juntos. No puedo dejaros grandes riquezas, sólo la casa y algún dinero, pero me voy tranquila porque dejo en este mundo a tres grandes personas”.

Tras leer esta carta, Anisa fue a su cajón y agarró con fuerza junto a su pecho aquella peineta preciosa, se quitó la ropa y se metió en la cama. Cuatro palabras taladraban su cabeza S A I D. Sería una noche difícil. ¿Vivirá aún?, ¿Dónde estará?, ¿Sabía que tenía una hija?

A la mañana siguiente el sonido el timbre de la puerta la despertó, hacía poco que se había quedado dormida, muchas preguntas, muchos cambios, la vida a veces es demasiado caprichosa y vuelca tu existencia en cuestión de segundos. Se repuso como pudo y salió a abrir. Sus hermanos seguían durmiendo y aunque hubiera caído una bomba no se hubieran despertado. Qué envidia, pensó, entrar en la cama y dormir como un tronco, que daría yo por tener su suerte y que el mundo se parase a mi alrededor.

 - Buenas tío, ¿Qué te trae por aquí? - Nada hija, quería ver como estabais, si necesitáis algo, ya sabes que voy a estar unos días en el pueblo y quiero que no estéis solos en este trance.
- Pasa y hago un café bien cargado, que no hay cosa ahora mismo que necesite más a ver si me carga las pilas. Mi cabeza es un hervidero y son tantas las cosas que hacer que no se ni dónde empezar.
- Empecemos por hablar un rato a ver en qué te puedo ayudar.

Entraron en la cocina y cerraron la puerta para no molestar a los gemelos. Puso un poco de orden en la mesa donde estaban todavía los restos de los preparativos del velatorio. Buscó la cafetera italiana de su madre, la desenroscó con cuidado, le echó el agua, el café, la puso al fuego, fuego lento, despacio, como le gustaba a Inés. Buscó de la nevera la leche, calentó un poco, hasta que escuchó el silbido que indicaba que ya estaba listo. Sirvió a su tío Antonio y cogió su traza entre las manos y empezó a soplar. Aunque fuera verano, ella siempre le gustaba el café bien caliente.

- Bueno Anisa, sé que todo esto es muy duro para todos, pero en especial para vosotros que sois sus hijos. Quiero que me digas si hay algo pendiente de hacer con respecto al funeral, papeleo, testamento, esas cosas. Todo lo que os pueda ayudar estos días dímelo.
- No tío, de momento la aseguradora se encarga de todo. Muchas gracias.
- ¿Y ahora que tenéis previsto hacer?
- Todavía no lo sé, los gemelos este es su último año de bachillerato y quieren estudiar alguna ingeniería en Granada. Puede que sea una oportunidad mudarnos todos allí, terminar mis estudios y buscar trabajo en algún tablado del Sacromonte. El viejo marqués en el velatorio me dijo que me podía echar una mano, que tiene buenos contactos allí. Asique es una opción a tener en cuenta. Ahora mismo no soportaría quedarme sola, ellos son mi punto de apoyo y no soportaría separarme.
- Ya sabes que puedo tirar de contactos, asique cuando lo tengáis claro llámame y lo gestiono. - Gracias tío, te lo diré. Pero ahora es otra cosa la que me atormenta, mira esta carta que me escribió mi madre antes de morir.
- No hace falta leerla para saber lo que dice. Y sí, yo fui compañero de Said durante unas prácticas entre los dos cuerpos de seguridad. Después de su visita a Cantoria, todo se precipitó demasiado, tu abuela me llamó que tu madre se casaba con Julio en cuestión de semanas, y la verdad que no comprendía la razón de las prisas, aunque esas cosas se hacían porque un embarazo venía de camino, pero claro, aunque en principio pensaba que era de Julio, hubo detalles que me desconcertaron y sospechaba que había detrás algo más que no me querían contar. Fue a los tantos años, cuando los abuelos fallecieron, que tu madre me confirmó mis sospechas. Y si te digo la verdad, no sé porque se negaron en rotundo a que Said se hiciera cargo, él era y creo que será, todo un señor con un código de honor que hubiera impedido no responder ante sus actos.
- ¿Él sabía que yo venía de camino?
- No, no podía saberlo, por lo menos que yo sepa. Después de terminar lo de aquellas prácticas, se marchó a su país y nos estuvimos escribiendo por email un tiempo. Algunas veces me preguntaba por Inés, pero claro, cuando se enteró que se había casado dejó de hacerlo. Se tapó el asunto con Julio, un buen chico, vecino, con su taller propio y así se aseguraban también que tu madre estaría a la vera de los abuelos que ya tenían una edad y no querían verse solos ya que yo se sabía que mi carrera la tendría que hacer fuera de Cantoria.
- Por lo que me dices fueron muy egoístas, interpusieron sus necesidades a la felicidad de su hija.
- Bastante Anisa, bastante. Aunque creo que también se unió el miedo a que se marchase, encima aun país y una cultura tan diferente, donde las mujeres apenas tienen derechos…. En fin, el miedo a lo desconocido que causó la infelicidad de tu madre.
- Y de Said ¿sabes algo?
- Como te comenté al principio, estuve hablando con él por email durante un tiempo, pero luego una cosa por otra, también me cerraron esa cuenta de correo por no usarla, perdiendo el contacto. Lo último que supe fue que fue ascendido a Capitán de la Gendarmería Real y que lo habían trasladado a Rabat, donde está el centro de operaciones de esta Policía. Intenté buscarlo por Facebook, Twiter, Instagram, pero claro, comprendo que un militar de alto grado no se puede exponer al dominio público y tenga vetado el uso de las redes sociales, y si las tiene, pues será con un nombre falso. Aunque ya sabes que Marruecos y España han tenido sus más y sus menos, las relaciones ahora son cordiales y la policía de ambos países son colaborativas, así que no creo que sea difícil dar con él. ¿Quieres que inicie los trámites?
- De momento no tío, cuando pase un tiempo y ponga en orden mis asuntos, hablaremos. Ahora mismo necesito asimilarlo todo, coger de nuevo el rumbo de mi vida. No quiero volcar mis ilusiones en algo que puede acabar en rechazo.
- Te comprendo perfectamente sobrina, cuando estés lista dímelo. Y otra cosa, no sé si sabrás que tu madre y yo teníamos una cuenta bancaria conjunta, la abrió para guardar el dinero de la herencia de los abuelos y lo que pudo ir ahorrando para vuestros estudios y como vosotros eráis menores de edad y por si pasaba algo, me pidió incluirme en ella. Esta mañana he pasado por el banco y te he añadido para que puedas disponer del dinero cuando lo necesites. Sólo tienes que pasarte por la oficina a entregar tu dni y quitar a tu madre. No hay mucho pero si lo justo ir tirando una temporada.
- Muchas gracias, no sabía nada de esa cuenta, es un alivio saber que tenemos un pequeño colchón por lo que pudiera pasar.
- Bueno sobrina, se hace tarde y queremos salir pronto que mañana empiezo a trabajar. Y ya sabes, cualquier cosa me vas diciendo.
- Vale tío, dale un abrazo a la tía y a los primos.
El verano ya estaba en puertas, y los gemelos acabaron el bachillerato y se prepararon la selectividad a conciencia. El esfuerzo mereció la pena, una buena nota que les permitía elegir universidad y la carrera que querían. Granada era su primera opción y en esa se matricularon. Por delante quedaban unos meses de papeleos, mudanzas y de mucho trabajo para conseguir un poco de dinero. De peones albañiles por las mañanas y de camareros por las noches, así hasta septiembre que empezaron a preparar la mudanza.

 CAPITULO 4 

 Rabat, Junio de 2018. Sede de la Gendarmería Real. Despacho del General de Brigada.

Suena el teléfono y su secretaria al otro lado de la línea.
- Mi general, está aquí su hijo.
- Muy bien, que pase.

- Buenas Padre, tengo que hablar contigo, traigo buenas noticias.
- Pasa hijo, que alegría verte por aquí.
- Acabo de llegar del Instituto de recoger una copia de mi expediente académico para llevarla a la Consejería de Educación de la Embajada de España. Esta mañana me han llamado que tenía aprobada la solicitud de inscripción para cursar los estudios en la Universidad de Granada y me han dado cita mañana a primera hora para entregar los documentos que me piden más una autorización que me tienes que firmar.
- ¡Qué alegría hijo! Es una buena universidad, fue mi sueño continuar allí mis estudios y que al final descarté cuando me aceptaron el la Escuela Real de Gendarmería. Ya sabes que como hijo mayor debía de continuar con el oficio del progenitor ¿y ahora cuál es el siguiente paso?
- Una vez que me acepten los documentos, habrá que formalizar la matrícula en la universidad, buscar alojamiento y esas cosas.
- Perfecto, infórmate de cuando empieza el plazo de matrícula para organizar el viaje y a ver si en un par de días dejamos todo listo. Haré algunas llamadas a algunos contactos que tengo por la zona para que nos aconsejen sobre el mejor sitio para vivir durante tus estudios. - Me parece bien, aunque ya he estado mirando por internet algunas cosas pero no quería concretar nada hasta hablarlo contigo, aunque he leído por algunos foros que lo mejor es mirar en los tablones de la facultad porque allí se ponen los anuncios de los alumnos que buscan compañero de piso, asique no creo que sea muy complicado.
- Buena idea, aun así hablaré con algunos amigos para estar más tranquilos y a la hora de decidir, hacerlo con seguridad.
- Bueno padre, me tengo que marchar, todavía no hablado con madre de las buenas nuevas. - Vale, luego nos vemos en casa.

Azahara recibió la noticia de su hijo con un cúmulo de sentimientos encontrados, por un lado, la alegría de poder estudiar donde deseaba, pero por otro lado, el miedo atroz de dejar volar solo a su hijo en una ciudad diferente de un país desconocido. Desconocido pero familiar, y aunque ella nunca había pisado tierra que no fuera de su país, si era el motivo de muchas de sus conversaciones con su marido desde el mismo día de su boda.

 Lo suyo había sido un matrimonio concertado, como era la costumbre entre las familias de cierta posición y para lo que fue preparada desde que nació, por eso un mes antes del enlace conoció al que iba a ser su marido en el acto de la hotoba, donde oficialmente se realizó la petición de mano con la lectura de la primera azora del Corán, la fatiha, y se procedió a la redacción del acta de matrimonio.

Parecía más la firma de un contrato que la organización de una boda. Por eso fue un encuentro frío, distante, con mucha gente decidiendo cada detalle de la boda, de su matrimonio, de la ropa que deberían llevar y hasta los hijos que deberían tener. A su futuro marido lo veía un ser lejano, apenas había estado unos minutos cara a cara cuando se lo llevaron a la otra punta de la estancia, como si el leve roce entre ellos hubiera sido el más grande de los pecados.

¿Y el amor? Azahara sólo lo conocía de oídas, gracias a la novelas turcas que tango gustaban a su madre, vamos que nunca había sentido esas mariposas en el estómago que representaban esas actrices tan bien puestas, maquilladas como puertas, haciéndose pasar por jóvenes de dieciocho cuando superaban la treintena. Sólo quería pensar en que pronto cumpliría con su deber y todos contentos. Aquí paz y después gloria.

La mañana del enlace se levantó echa un manojo de nervios. Su casa era un hervidero de gente mientras que en su habitación se agolpaban las mujeres de la familia engalanando a la novia. Llegó al altar de la ceremonia con las piernas temblando, se puso junto a él, les unieron las manos, sintió su calma, su fuerza protectora y eso la tranquilizó. Su miedo pasó a la expectación por conocer al que en unos minutos iba a ser su marido, que después de todo, parecía que era de verdad un buen partido.

Después la maestra de ceremonias trajo una pequeña mesa con los anillos, un vaso de leche y un plato con dátiles rellenos de almendras y nueces para proceder al intercambio. La leche es el símbolo más puro de felicidad, para que la vida de la futura casada se tiña de blanco y los dátiles son símbolo de la prosperidad, dulzura y fortuna. A continuación se distribuyeron entre los invitados té y pasteles.

Después de la celebración, como marca la costumbre, los novios se trasladaron a la casa de él, donde empezarán una nueva vida. Su suegra la recibió con una bandeja de leche, en representación de la pureza, dátiles para desearle fortuna, higos y pasas que conllevan la felicidad y dulzura, huevos que representan los deseos de fertilidad para la esposa, un manojo de llaves y un pan ofreciéndole en señal de bienvenida a su nuevo hogar.

Parecía una familia acogedora y que intentaban agradarla, y después de los días de nervios que llevaba, era un consuelo. Said era el mayor de 10 hermanos, 6 hombres y 4 mujeres y fue su gran punto de apoyo durante los días posteriores para adaptarse a su nueva vida. Poco a poco se fueron conociendo, vio que era un hombre de firmes convicciones, leal con los suyos y con sus ideales, correcto en sus formas.

Una vez que se adaptó a su nueva vida y a la familia de su esposo, Said quiso hablar con ella a solas de un tema muy delicado. No quería secretos con su mujer y menos que el pasado volviera para destrozar el futuro.

- Azahara, lo que te voy a contar no es fácil, es algo del pasado, cuando tan siquiera nos conocíamos. Ya sabes que por mi trabajo me tuve que mover por varios países y fue en España que pasó algo….
- Por favor Said, habla, no me asustes, ¿tan grave es?
- Hace un par de años en un pueblo de Andalucía conocí a la hermana de un policía español que nos hicimos amigos en una prácticas. Fue algo imprevisto, te juro que no entraba en mis planes enamorarme de esa muchacha, tan lejos de casa, de otra cultura tan diferente. Pasó y ya no puedo remediarlo. De aquello nació una niña….

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